16/07/2018 | 13/07/2018 | CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
Selección de microorganismos para la producción de álamos en Patagonia
Científicos del CONICET y de la UNCo estudian tecnologías para potenciar el crecimiento de este árbol de gran interés económico.
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El cultivo de álamos (Populus) constituye un importante recurso económico en Patagonia, donde es utilizado como barrera protectora contra el viento -ya sea para la práctica de la fruticultura y de la ganadería extensiva o, sencillamente, como refugio para la población rural – pero también como materia prima para la industria maderera local.

Dada esta importancia, resulta de interés para la comunidad científica local poder potenciar las plantaciones existentes así como extender el área de cultivo del álamo hacia suelos limitantes (como los salinos), considerados menos propicios para su crecimiento y potencialmente productivos.

Un equipo de investigadores del Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geombientales (IPATEC, CONICET-UNCOMA) trabaja en la posibilidad de inocular en algunas especies de álamo (un género exótico en el hemisferio sur e introducido a través del cultivo) diferentes tipos de microorganismos nativos de la Patagonia benéficos para el crecimiento.

“Nosotros vemos que el álamo tiene la posibilidad de incorporar microorganismos dentro de sus raíces que pueden potenciar su crecimiento así como aumentar su tolerancia a condiciones no tan hospitalarias para que la planta se desarrolle. Nuestro enfoque apuesta al uso de microorganismos nativos ya adaptados a las condiciones ambientales de la región”, cuenta Sonia Fontenla, investigadora del IPATEC y coordinadora del proyecto.

Los tipos de microorganismos nativos evaluados por los científicos a nivel de invernadero en especies de álamo (seleccionadas por su importancia para la región tanto actual como potencial) fueron hongos micorrícicos -que se asocian simbióticamente con las plantas aportándoles nutrientes minerales y agua-, levaduras del suelo y bacterias que residen en los tejidos de las plantas (denominadas endofíticas) o asociadas a la superficie de sus raíces (llamadas rizosféricas).

“De los bosques nativos de Patagonia nosotros aislamos varias levaduras que intervienen en los ciclos químicos del suelo, bacterias endofíticas -también separamos algunas del propio álamo- y rizosféricas y realizamos en el laboratorio una serie de ensayos para evaluar su capacidad de favorecer el crecimiento de las plantas. Lo que observamos en estos ensayos concretamente fue la posibilidad de estos microorganismos de producir auxinas y sideróforos, solubilizar fosfatos, fijar nitrógeno o inhibir el crecimiento de fitopatógenos”, afirma Fontenla.

De una colección de cerca de 400 microorganismos (bacterias y levaduras) evaluadas in Vitro en el laboratoriolos investigadores seleccionaron aquellas que más propiedades benéficas para el crecimiento de plantas ofrecían, para luego inocularlas a escala invernadero en estacas de distintas especies de Populus traídas desde la zona del Alto Valle.

En cuanto a los hongos micorrícicos, los investigadores no aislaron los microorganismos sino que seleccionaron como fuente de inoculación suelos de la estepa patagónica y de suelo cercano a raíces de álamos adultos micorrizados en vivero. Las plantas del género Populus ofrecen la ventajosa posibilidad de formar tanto ectomicorrizas (aquella asociación simbiótica en la que los hongos no se ubican en el interior de las células de la raíz, sino sobre las mismas o entre sus separaciones) como micorrizas arbusculares (un tipo de asociación en la que el hongo se introduce al interior de las células corticales de la raíces).

Los resultados obtenidos a partir de los primeros ensayos resultaron alentadores. “En los primeros ensayos en condiciones de invernadero las plantas inoculadas con microorganismo mostraron diferencias positivas en la producción de biomasa aérea y variados resultados en cuanto a la asociación simbiótica con micorrizas. Mientras algunas especies presentaron colonización por micorrizas arbusculares, otras no lo hicieron. Por otro lado, mientras los álamos plantados en suelo de estepa no formaron ectomicorrizas, los producidos en suelo tomado de cultivos de álamos presentaron en este sentido asociaciones incipientes”, relata la investigadora.

Actualmente se encuentran en desarrollo ensayos en campo a partir de estacas de álamos inoculadas en invernadero. Algunas de estas pruebas son llevadas a cabo en suelos con cierta salinidad, bajo la expectativa de que las plantas beneficiadas por microorganismos favorecedores del crecimiento muestren mayores posibilidades de supervivencia en áreas degradadas y condiciones ambientales poco favorables.

“Los resultados obtenidos muestran la necesidad de profundizar el estudio de la interacción entre diversos microorganismos nativos y distintas especies de álamos para poder dar respuestas direccionadas a cada producción. Se presenta además como una prometedora oportunidad para optimizar la producción forestal de álamos y poder también extender el área de cultivo actual”, concluye la investigadora.

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